¿Conoces a algún tecnófobo?

No visten de ningún modo distintivo ni se han creado bandera propia, pero están entre nosotros y parece que el número va creciendo: la generación anti-tech, jóvenes entre 18 y 25 años con una actitud reacia a las nuevas tecnologías. Sí, sí, has leído bien.

Tienden a bloquear la publicidad que les llega por diversas vías. La práctica del Ad-blocking está muy extendida. Las marcas no consiguen acceder del todo a este segmento puesto que han cambiado su flamante smartphone por un móvil “sólo para llamadas“.

Su canto a la desconexión, el retiro y la desintoxicación ya causa furor entre los jóvenes norteamericanos: ¡Hey, no estoy en Facebook!

Se extiende rápido por Europa. Algunos segmentos elevan más y más sus barreras al mensaje y la oferta publicitaria, la audiencia es cada vez más hostil. Los consumidores están saturados de información y aumentan la sordera y la ceguera publicitarias: ¿Un banner de una marca deportiva? ni lo he visto…  

Los anuncios están ahí, pero los bloqueamos cuando superan nuestra capacidad. Impacto tras impacto, cada uno decide qué nivel de publicidad quiere recibir, y dejar de recibir anuncios no solicitados. Tenemos dominado el gesto, sabemos dónde clicar para cerrar la publicidad y poder seguir viendo el contenido –gratis– que nos ofrece la red.

Webs y redes sociales nos han brindado información, plataformas de comunicación, entretenimiento y  mucho más, gratuitamente, a cambio de que nos dejemos impactar por las marcas, que se pelean por ese espacio para hacernos llegar su mensaje, su oferta.

Los profesionales de la publicidad y del marketing nos enfrentamos a un reto interesante, que algunos ya lo han bautizado como Tecnofobia. Otros hablan ya del Neo-ludismo.

¿Será una nueva oportunidad de negocio?

Vamos a plantearlo de este modo, seamos positivos 😉 

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